Y como LA ARTISTA, es decir, ella, Charo, se permite todos los lujos, ha contratado carísimos un escritor que además se las arregle para dirigir lo que le dejen (el autor) y una compositora musical que escriba las músicas como se le indique (la autora).
Se trata, en suma, de un espectáculo lírico y notoriamente bienintencionado en el que, si se le mete el dedo en el ojo a alguien, eso sucede porque ese alguien pasaría por allí y no se habría apartado a tiempo. |