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Editorial |
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TEATRO Y EDUCACIÓN
Partamos del supuesto (más bien hipótesis) de que la interpretación teatral fuera una profesión como otra cualquiera: fontanería, arquitectura, filología, trabajo social… Imaginemos que esta profesión fuera clasificable entre los oficios artísticos, tales como la danza, las artes plásticas o la música. Aceptadas tales premisas, parecería lógico que la formación necesaria para ejercer la profesión de actor recibiese un tratamiento similar al que reciben sus homólogos en nuestro sistema educativo.
Pero resulta que no es así.
Por lo que respecta a lo establecido en la LOGSE, cuyo apartado sobre enseñanzas artísticas no ha modificado la vigente LOCE, o Ley de Calidad, observamos cómo las enseñanzas de música y danza se organizan en tres ciclos: elemental, medio y superior, y que los curricula de estas materias han sido perfectamente desarrollados en las correspondientes normativas complementarias. Respecto a las enseñanzas de artes plásticas, son objeto de un tratamiento por la triple vía del Bachillerato Artístico, la Formación Profesional reglada y la licenciatura universitaria.
Por el contrario, para la formación teatral sólo se presenta el camino de las enseñanzas superiores, que actualmente se imparten con rango universitario en las Escuelas Superiores de Arte Dramático.
La consecuencia de esta situación legal es bien conocida: el aspirante a actor debe realizar su bachillerato completo e intentar el ingreso en dichos estudios universitarios, operación ardua y bastante aleatoria, a causa sobre todo de la enorme limitación en el número de plazas; o bien adentrarse en la selva de las escuelas y academias privadas, terreno tan abundante como confuso.
En suma, parece ser que la formación actoral nadie se la toma en serio, o bien alguien se la ha tomado demasiado en serio. “Aut Caesar aut nihil”, o licenciado universitario, con todos sus requerimientos y complicaciones, o perfecto indocumentado, cuya formación en centros privados, por excelentes que ellos quisieran ser, no posee ningún valor académico.
Porque lo cierto es que existe una gran demanda de formación teatral en nuestra sorprendente sociedad, ésa que contempla embobada el batiburrillo televisivo y confunde arte con fama y éxito clamoroso a bote pronto. En mitad del caos mediático hay, sin embargo, bastante gente joven que sabe distinguir el grano de la paja y tiene muy claro que pretende formarse seriamente para la interpretación teatral y cinematográfica. El actual sistema educativo no responde a esta demanda.
Es preciso que las autoridades educativas de las distintas administraciones, estatales y autonómicas, comiencen a plantearse la forma de cubrir esta evidente carencia. También es preciso que la regulación de unos estudios profesionales de arte dramático sea abordada con seriedad y rigor, porque no sería nada conveniente prescindir de las debidas exigencias en calidad y recursos a la hora de facultar a centros públicos y privados para dispensar certificaciones y diplomas.
Tal vez la reciente Ley de la Formación Profesional haya abierto un interesante camino para resolver la situación, pero queda pendiente la concreta aplicación y desarrollo de esta posibilidad.
Mientras tanto, proseguirá la confusión presente, con el supuesto monopolio de las Escuelas Superiores públicas, contrapesado por las ofertas engañosas de diplomatura que proponen agentes privados no del todo honestos. |
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QUE COMIENCE LA FUNCIÓN
Tercer timbrazo. Todos a sus sitios con los móviles apagaditos. No, en el teatro no se comen palomitas ni se sorben refrescos. Efectivamente, caballero: somos muy anticuados, extraordinariamente anticuados. Vamos, tengan la bondad de sentarse. ¡Luces y música!, que eso del telón sí que está pasado de moda, casi tanto como la concha del apuntador.
Hoy comenzamos las representaciones de OfiRevista, con tanto entusiasmo como miedo, eso sí. Mantener viva una revista teatral cuesta lo suyo; sobre todo si nadie va a cobrar un céntimo, pero vamos a hacer todo lo posible porque no fallezca prematuramente, de modo que tendremos que contar con todo el mundo, con todo aquel que tenga algo que decir sobre el teatro y sus alrededores. Vamos, anímense y mándenos sus escritos.
OfiRevista pretende ser un espacio para la libertad de expresión, un artículo en progresivo encarecimiento en estas fechas, ahora cuando el pensamiento único se traduce en opinión única, monolítica y casi dogmática. Muy esdrújulo todo ello, porque, además, es categórica.
Publicaremos artículos sobre práctica y teoría del teatro, intentaremos ejercer una crítica menos sonrosada que lo que va siendo habitual y procuraremos abrir debate sobre las cuestiones más palpitantes relacionadas con el arte escénico.
Hay unas cuantas, porque el teatro no pasa por uno de sus mejores momentos, convertido en espectáculo marginal y mixtificado por formas pretendidamente teatrales, pero carentes en conjunto de los mínimos requisitos estéticos y críticos exigibles para llamarse teatro de pleno derecho.
Y los actores… por ahí andan, ganándose la vida a base de poner copas, cuidar niños, animar promociones comerciales en discotecas, o cualquier otra tarea igualmente relacionada con la interpretación.
La famosa crisis se ha hecho endémica, aunque el enfermo goce de una mala salud de hierro, ya que cada vez hay más gente empeñada en formarse como actor o actriz; especialmente, actriz, puesto que los caballeros parecen más interesados en otras graves ocupaciones. El público es mayoritariamente femenino y los estudios de arte dramático reciben una espectacular demanda por parte de chicas de todas las edades. Un dato interesante, aunque estadísticamente raro. Por ejemplo, en el Aula de Arte Dramático del Ayuntamiento de Madrid hay sólo un tercio de población masculina, frente a los dos tercios de alumnas.
La redacción de OfiRevista no iba a ser una excepción y ha quedado mayoritariamente femenina, lo que celebramos sobremanera los elementos masculinos del invento. Seguro que así funcionará mejor y más ordenadamente, sin contar las evidentes ventajas estéticas que ese hecho representa.
Pues bien, lectoras y lectores: aquí quedamos, esperando sus aportaciones y sugerencias. Ya saben: info@ofiteatro.org . Bienvenidos.
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