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Minientrevista con Guillermo Alonso del Real.
“Mi libro es un juego de despropósitos y de distanciamiento político, social y cultural”.

- ¿Cuál es la intención de este libro?
- Divertirme y divertir. Ya Brecht decía al comienzo de su Pequeño Organón que la función del teatro es divertir. Sobre todo no caer en las trampas de la cultura del consumo y comida rápida en la que vivimos. Una parte de la lingüística actual es eso: comida rápida, funcionalizada para vender cepillos de dientes. La pragmática, tal como ha sido entendida por los norteamericanos.

 
 

- ¿De dónde surgió la idea de escribirlo?
- Estaba yo en un tribunal de oposiciones a los que me toca ir como miembro y empecé a oír los horrores que allí se decían, muchos de ellos producto de lo que la LOGSE ha hecho con nosotros. ¿Qué ocurre con el lenguaje actualmente? que muchos chicos, en lugar de estructurar el pensamiento con el lenguaje y el lenguaje con el pensamiento, han tomado una serie de recetillas cómodas, pero muy poco serias. Ha habido libros de venta masiva, sobre lenguajes no verbales, que me parecen una cosa cómica, digna de parodiar, algunos vienen nombrados en mi libro. Son en realidad libros de autoayuda lingüística.

- ¿Qué enseñanza te gustaría que extrajesen los lectores de este libro?
- Yo, en primer lugar, he venido trabajando en la línea estructuralista y funcionalista, y luego en la gramática generativa y transformativa. El problema es que todo este tinglao que han organizado hoy día, tiene un cierto soporte lógico. A mí me interesa la lógica formal. De hecho he estudiado lógica formal. Lo que ocurre es que hay cosas tan viejas en la historia del hombre como la petición de principio, donde ya asientas una base completamente disparatada o una línea de razonamiento disparatada. Tiene mucho que ver por ejemplo con la patafísica, el movimiento literario artístico que encabezó Alfred Jarry y que hoy día hay gente que ha retomado. De algún modo estoy haciendo patafísica. Si partimos de considerar algo ilógico quiere decir que hay una realidad lógica con la que lo medimos. La realidad no es lógica. Por consiguiente no se puede hacer nada ilógico que no sea real. Es todo un juego de despropósitos, de distanciamiento social, político, cultural y una gran dosis de autocachondeo. Un consejo a los lectores no lingüistas, que tengan paciencia en las primeras páginas. Luego irán entendiendo que va de coña. El lector lingüista, evidentemente, a la primera pilla de qué va la broma.